semana de autor
 

Reconocido como uno de los grandes autores de la lengua portuguesa Rubem Fonseca es, tal vez, el que más ha influido en las últimas décadas sobre sus colegas de lengua española. Cuando los narradores y lectores hispanoamericanos se rendían ante la fascinación de la narrativa de los sesenta –aquélla que nunca pudo desprenderse del desafortuado apelativo de boom-, Fonseca fue labrando, a redropelo de una tradición que contaba con escrituras tan diversas y seductoras como las de Machado de Assis y Guimarães Rosa, un camino propio. Fue él quien hizo cristalizar esa narrativa dura afincada en el mundo de la violencia urbana; no es de extrañar, por consiguiente, que a la vuelta de unos años Fonseca se convirtiera en punto de referencia para toda una corriente que seguiría sus pasos.

Nacido en en Juiz de Fora, Minas Gerais, en 1925, llegó tarde a la literatura, después de haber estudiado Derecho Penal y Administración. Una veintena de novelas y libros de cuentos nos separan de su primer volumen (Os prisioneiros), aparecido en 1963. Casi inmediatamente después comenzaría a recibir algunos de los premios más prestigiosos de su país, hasta que en 1983, con la novela El gran arte, alcanzaría el reconocimiento universal. Su carrera sería coronada el año pasado al conferírsele los premios Luis de Camões, el más importante de la lengua portuguesa, y el de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

Dedicar una Semana de Autor a Rubem Fonseca significa no sólo reconocer a uno de los grandes nombres de la literatura continental, sino también agradecer a quien ha sido jurado de nuestro Premio Literario en dos ocasiones y colaborador habitual de la revista Casa de las Américas, su amistad incondicional y duradera.